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30 juillet 2015 4 30 /07 /juillet /2015 19:27

Ascendida por padres tóxicos, un padre depravado (1), tiránico y extremadamente posesivo, al comportamiento incestuoso, una madre consentidora y alcanzada de una enfermedad grave y mental (2), mi infancia fue retenida y mi vida de adulta mutilada

Tal una flor apenas nacida que faltó de aire y de sol, yo fue totalmente privada muy temprano de libertad por padres excesivamente posesivos.

Mientras que intenté levantarme alejándome de este universo sofocante y destructor en el cual decaí peligrosamente, un marido déspota me humilló y me bajó más bajo que la tierra.

Por fin, yo debilita en el curso de los años a causa del comportamiento tóxico e mis hijos que repitieron a su vez la antorcha de su padre y de su abuelo fallecidos.

¡ Mi familia qué habría debido ser un refugio armonioso, tranquilizador y protector, desgraciadamente fue, para mí, lo peor de los entornos ! ¡ Encarcelada, asfixiada, oprimada, pegada, violada, humilliada y denigrada, el medio familiar donde habría podido desarrollarme se reveló un infierno verdadero !

 

 

Primera parte : el calvario familiar
 

Por muy lejos que vuelvan a remontarse mis recuerdos, desde la pequeña infancia  ̶  tenía entonces dos o tres años  ̶  mi madre me paseaba cada tarde en cochecito hasta un hermoso pequeño parque situado en la campo dónde no veía a ningún niño ; jamás había nadie cuando mi madre me traía allí.

De cada período de mi infancia, aparte de la escuela, no me acuerdo de haber sido en presencia de otros niños, excepto un primo y una prima a la que veía a veces en el momento de ciertas vacaciones escolares.

¡ En efecto, a excepción de una pequeña parte de mi familia, no veía a nadie ! No podía invitar a una amiga de escuela, ni ir a su casa, hasta para celebrar un aniversario. ¡ Esto me fue prohibido !

Pues fui aislada, desde mi pequeña infancia, para satisfacer mejor el comportamiento extremadamente posesivo de mis padres así como el deseo de dominación de mi padre. ¡ Para ejercer mejor su influencia, necesitaba tener sin interrupción su mujer y su hija bajo la mano !

¡ Fui forzada de quedarme en el seno del convento familiar, enclaustrada en las paredes paternas !

 

Además, yo tenido una abuela paternal particularmente dura y tóxica que me lo quiso hasta su muerte de haber frecuentado, por primera vez a la edad de veintiun años, a un joven hombre del que perdidamente era enamorada.

Así como este chico no les gustó, los miembros todos de mi familia (mis padres, mi abuela paternal, mis tías maternales) que tenía una influencia sobre mí se ligaron para abstenerme de continuar a verlo. Habiendo sido una niña tranquila y respetuosa, luego una adolescente estudiosa que no les planteó ningún problema a sus padres, viví tanto su reacción excesivamente negativa respecto a mí como una injusticia enorme.

Sentí entonces una desesperación terrible, un sufrimiento tal como yo tenido la impresión de recibir puñaladas en corazón lleno. ¡ Me mataron psicológicamente ! Esto fue de una violencia tan intensa como me hundí completamente.

 

Hay varios modos de aniquilar a un individuo. Para mí, esta gran herida psicológica me fue fatal. Quebrantaron mi impulso de vida, tal un pajarillo al que se rompió endebles alas desde su primer vuelo. 

¡ Desde entonces, no viví más, sobreviví ! 

 

Sufriendo durante mi infancia de la dificultad en comunicar con una madre que estaba frecuentemente en su universo delirante, me acerqué afectivamente de mi padre déspota que me concedía mucha más atención. El impacto paternal fue tal, como inconscientemente lo busqué, más tarde, en mis relaciones sentimentales. Así es como a la edad de veinticuatro años, vuelta depresiva, anciosa y anoréxica, debido a las violencias psicológicas ejercidas por mis padres en contra de mí para impedirme de dejarlos, me casé con un hombre de edad de veinticinco años mayor que yo que supo aportarme, en aquel momento, el calor humano el que necesitaba tanto.

 

Desgraciadamente, poco después de mi matrimonio, este hombre alcohólico, al comportamiento paternalista, también posesivo y depravado como mi padre, se reveló ser un marido violento físicamente y psicológicamente. Golpeada, engañada y humillada, me había convertido en el objeto sexual de este hombre con que concebí sin embargo a tres niños a los cuales di todo mi amor y que colmaron la falta afectiva de la que sufría cruelmente. Después de catorce años de vida común, este hombre alcohólico que era por otro lado un grueso fumador fue llevado súbitamente una noche por un infarto macivo. Estaba triste para mis niños pero, una vez pasado el choque de esta noche agotadora, me sentí rápidamente libertada.

 

Los años que siguieron, no sentí la necesidad de rehacer mi vida, temiendo encontrar de nuevo a un hombre violento, y me dediqué totalmente a mis niños.

 

El hijo mayor comenzó a plantearme problemas a la edad de dieciseis años cuando utilizó mi tarjeta bancaria sin saberlo yo para sacar dinero sobre mi cuenta. ¡ Como lo había iniciado la conducción, a su demanda a los quince años, e inscrito en una autoescuela con vistas a preparar su conducción acompañada un año más tarde, no encontró nada mejor que de robar las llaves de mi coche para ir a pasearse con amigos! Así es como en el espacio de dos años, debí ir a recuperarlo tres veces al puesto de policía, porque era todavía menor. A la edad de los dieciocho, se hundió en una adicción al cannabis y comenzó a recibir en mi casa, contra mi voluntad, a jóvenes drogadictos. ¡ Para desbaratar mi vigilancia, los hacía pasar por la ventana de su cuarto situado en piso bajo! Su comportamiento había cambiado y nuestras relaciones se volvieron cada vez más conflictivas. Se abandonaba completamente, se descuidaba y no llegaba más a levantarse por la mañana para i sobre su lugar de trabajo. Algunos meses después de sus veinte años, no pudiendo más su comportamiento extremadamente rebelde y su gran inestabilidad, fui forzada, el corazón desgarrado, de echarlo a la calle mientras que acababa de encontrar a su futura compañera. ¡ Su droga había destruido nuestra relación! Se instaló entonces en casa de su compañera, pero continuó sin embargo expoliándome financieramente para satisfacer sus adicciónes (cannabis, alcohol, tabaco), llegando a conservar algún empleo y que faltaba sobre todo de motivación para lo buscar.

 

Mi segundo hijo, que era aquel con que tenía más afinidades, no me planteó ningún problema particular y fue un apoyo durante varios años, sino se volvió en el curso de los año cada vez más dependiente a internet.

El más joven, al temperamento muy rebelde, jamás quiso estudiado, y hasta se echó a hacer novillos en el curso de sus años pasados en el colegio. Así como no llegaba más a hacerlo ir corriente, estuvo colocado a la edad de quince años por los Servicios sociales.

 

Es en aquel momento comencé por fin a pensarme en un poco y a buscar una relación amistosa o sentimental, lo que desaprobaba mi hijo mayor. Algunos meses más tarde, encontré a un hombre sensible, amable y atento que fue algunos días después de nuestro encuentro amenazado por mi hijo mayor. Este último había comprendido que tendría desde ahora en adelante más dificultades en ejercer su influencia sobre mí. Fui forzada de dejar mi domicilio para escapar del acoso y era su objeto. El comportamiento de mi hijo mayor toxicómano, el del À más joven el que se había vuelto en el curso de los años cada vez más duro y difícil de administrar, el estado de salud de mis padres que decaía con envejecimiento y de la que debía ocuparme cada vez más regularmente, habían tenido un impacto sobre mi salud psíquica ya debilitada desde hace muchos años.

 

Es en el domicilio del que se hará mi compañero al que intenté reponerme muy despacio. Fue una aflicción para mí de estar obligado a tomar la distancia con mis hijos, porque fuimos atados, sobre todo desde la defunción de su padre, por una relación fusional.

 

Un año más tarde, tomé un nuevo apartamento donde continué recibiendo a mi hijo más joven, siempre en medida de colocación, durante fin de semana y vacaciones escolares. Algunos meses después de su mayoría, mientras que persistía en transgredir las reglas en mi casa, amenazó a su vuelta a mi compañero. En estas condiciones, me era difícil de continuar acogiéndolo.

 

Hoy, mis relaciones con mi hijo mayor que fueron cada vez más tensas desde mi salida se volvieron muy puntuales, mi segundo también zozobró en la esquizofrenia y el último, hecho él también toxicómano, cuya situación queda muy inestable, presenta todos los signos del comportamiento paranoico.

¡ Qué desamparo para mí! ¡ Y qué desesperación!

 


Secunda parte : las consecuencias patológicas

 

Los maltratos psicológicos que sufrí por parte de mis padres tóxicos me hicieron zozobrar a la edad adulta en un estado prepsicótico deficitario acompañado por una inhibición importante y psicomotriz, por fuertes crisis de angustia y de depresión. Después de mis estudios y un corto período de trabajo, fui encerrada y cortada por la sociedad. No llegando más a encontrar una razón para vivir, zozobré en una anorexia mental que me debilita y me hizo decaer fisiológicamente. Fue inconscientemente la sola salida que encontré en aquel momento para escapar de su encarcelamiento y dejar esta vida que me aportaba sólo sufrimiento y dolor.

 

Fui salvada por un miembro de mi familia maternal que, habiendo constatado mi estado, después de haber convencido a mis padres, me acompañó consultar a un médico psiquiatra. Frente a mi estado psíquico pero tan fisiológico que se volvía cada vez más crítico, consideró vital de alejarme de este entorno familiar nocivo y me hizo hospitalizar una casa de salud situada en montaña, para permitirme repetir fuerzas, reposarme, y encontrar una libertad cierta.

 

Dos meses después, el hombre que iba casado más tarde por desesperación, llegó entonces en el establecimiento donde permanecía. Reparó en mí rápidamente al refectorio porque, como todavía tenía dificultades en alimentarme correctamente, era a menudo de una de las últimas pensionistas que acaban mis comidas. Estuvo instalado a mi mesa a su demanda y me habló inmediatamente con simpatía y compasión. Comenzó a anudar conmigo una amistad paternalista y a tomarme bajo su ala tal una pequeña ave herida como le gustaba en repetirlo. Única y desamparada, me aportó a aquel momento la atención y la afección que carecían de mí tanto. ¡ La trampa fue tendida!

Mi espíritu subió entonces poco a poco, me alimentaba ya mejor y repetí algunas fuerzas. Continuó comportándose así hasta el día de nuestro matrimonio. Más tarde, su comportamiento vuelto violento consolidó mi estado depresivo y ancioso que se tradujo cada vez más por una inhibición psicomotriz. ¡ Su denigración fue tal como hasta llegó a persuadirme que era una persona anormal e incapaz! Sin embargo, sus accesos de furia puestos en marcha siempre por hechos anodinos demostraban bien que su comportamiento era excesivo y desequilibrado. ¡ Es pues él qué tenía gruesos problemas! Es por otra parte desde nuestros primeros años de vida común que comencé, sobre los consejos avisados de mi psiquiatra, a tomar un tratamiento medicamentoso a base de antidepresivos y a base de ansiolíticos. 

 

Fui a menudo provocada anemia, porque aunque me alimentaba mejor que durante mi período anoréxico, mi patología depresiva y anciosa actuaba el plan fisiológico como un cáncer psicológico que me roía del interior.

 

Hoy, repetí fuerzas y me alimento bien gracias al apoyo de mi compañero, pero mi salud queda frágil y este cáncer persigue su acción sobre todo durante los períodos de tormenta familiar.

¡ A pesar de todo, no bajo los brazos y continúo peleándome al diario!

 

La llama vital que brilla en el fondo de mí completamente no se apagó jamás, se debilitó simplemente mucho en el curso de ciertos períodos de mi vida.

 

 

La tercera parte : el combate que hay que llevar para sobrevivir

 

Para sobrevivir en un entorno familiar tan negativo, fui forzada de tomar la distancia con mis allegados, con el fin de protegerme, y de permitirme continuar cuidándome en mejores condiciones. ¡ Esto fue extremadamente doloroso al principio para mí, pero desgraciadamente vital!

 

Así es como la encargada médica la que todavía necesito pudo ser disminuida, y sea un tratamiento homeopático progresivamente se sustituyó en mi tratamiento a base de antidepresivos y a base de ansiolíticos. Después de haber sido seguida por tres psicoterapeutas en veinticuatro años entre los que dos me aportaron un apoyo importante, emprendí una psicoterapia con una psicóloga cliníca que practica el E.M.D.R ., con el fin de tratar e insensibilizar los traumatismos acumulados a lo largo de mi trayecto.

 

Sin embargo, persigo mi encargada con médico psiquiatra que me sigue desde ahora cinco años. ¡ Tuvo la inteligencia de no procurar prescribirme cueste lo que cueste una receta! Los mantenimientos son dirigidos hacia un trabajo de reflexión sobre sí, así como sobre un análisis objetivo y profundo de las diversas situaciones vividas hasta este día. Su competencia y su apertura aguda me hicieron divisar el camino de la curación sobre el cual mi compañero que ayuda es extremadamente implicado.

 

Paralelamente, consulto a un médico homeópata al enfoque psicológico instructivo que también me aporta un apoyo eficaz en mi trayecto de cuidados. Su finura de análisis me permitió tener una visión más objetiva de los distintos comportamientos tóxicos de mis allegados familiares, y alumbrarme sobre las personalidades manipuladores y depravadas por las que está constituido. ¡ Tiene como mí así ayudar a clarificar muchas situaciones difíciles y complejas!

 

Expoliada financieramente por mi hijo mayor y puntualmente por ciertas personas malévolas que abusaron de mi confianza, fui forzada, sobre los consejos de mi compañero, de presentarle una demanda al Juez de las tutelas con el fin de estar colocada bajo protección jurídica. En primer lugar, con el fin de proteger mis intereses, una curadora que se reveló de golpe ineficaz fue nombrada. Afortunadamente, dejó su función poco tiempo después de su nombramiento.

Un nuevo mandatario judicial entonces fue designado. Sus calidades humanas, su disponibilidad y su eficacia para aportar las soluciones a las situaciones complejas con las cuales estuve confrontada, constituyeron para mí un apoyo precioso. ¡ Qué conciencia profesional y qué implicación!

 

Un médico termal, dotado de grandes competencias en materia de psicología comportamental y convencido de las virtudes terapéuticas del deporte, también intervino durante varios años para recomendarme una práctica asidua de las actividades físicas y deportivas. ¡ Su mirada de experto sobre los aspectos diversos de mi patología me permitió darse cuenta que me era posible levantarme, combatir mis inhibiciones psicomotrices muy desventajosas estimulando mi cuerpo al diario!

Así, animó a mi compañero que es educador deportivo a perseguir el trabajo psicomotor que había emprendido conmigo, basado en ejercicios adaptados y personalizados.

 

En mayo de 2013, sobre los consejos de mi compañero, hasta tomé una licencia deportiva a la Federación francesa de Deporte Adaptado con el fin de practicar el atletismo y para participar en algunas competiciones con otras personas indispuestas de trastornos psíquicos.

 

En este ambiente más bien amistoso, sentí ganas y la motivación de superar mis dificultades y en sobrepasarme, lo que me permitió progresar bastante rápidamente y descubrirme algunas capacidades insospechadas.

 

Perseguí este arranque hasta mayo de 2014, el período al cual mi segundo hijo fue hospitalizado por haber zozobrado en trastornos esquizofrénicos. Conocí entonces varios meses de depresión en el curso de los cuales continué sin embargo efectuando algunos ejercicios de mantenimiento para impedir que mi cuerpo se cuaje hasta el punto de bloquearse totalmente. Hacia el fin del año, cuando el estado de salud de mi hijo comenzó a mejorarse y su situación que se estabiliza, me fui en estancia termal en los Pirineos para reponerme. Es mientras progresivamente repetí mis entrenamientos con vistas a participar en pruebas de carrera en naturaleza.

Gracias a mi perseverancia y gracias a los consejos avisados en mi entrenador que me acompañó al diario, hasta alcancé un nivel que bastaba para cualificarme a mis primeros campeonatos de Francia, en marzo de 2015. ¡ Nunca lo habría creído capaz ! 

 

Desde entonces participé en algunas competiciones, ciertas con deportistas válidos, entre los que estuvieron cuatro campeonatos de Francia en Deporte Adaptado. Algunas semanas antes de los últimos campeonatos, atravesé de nuevo un período de depresión y de angustias a causa de la situación complicada de mis hijos. ¡ En un mes, perdí cinco kilos y cerca de un tercio de mis capacidades físicas! No tenía más bastante energía para quedarse en el mismo nivel de realización.

Así como cada día había cansado y sea me desanimaba constantemente, mis entrenamientos se volvieron cada vez más difíciles, el duda se instaló y la falta de confianza en mí mismo se rehizo. Sin embargo, aunque mis tiempos realizados no eran al nivel de aquellos a los que habría podido ser capaz de realizar, la estancia efectuada con ocasión de estos campeonatos me fue muy provechosa, porque me permitió desconectarme el espacio de algunos días de mi medio familiar vuelto cada vez más angustioso. 

 

Mi estado de salud fluctúa sobre todo con arreglo a las peripecias de mi contexto familiar. Es la razón para la cual, con el fin de cuidarme en un entorno más favorable, efectúo un gran corte dos veces por año en el marco de una estancia termal.

 

¡ La evolución de los trastornos psíquicos que fueron esencialmente tributarios del entorno, es esencial, y a veces hasta vital, de tomar la distancia para intentar reconstruirse!

Sin embargo, todavía hoy, siempre no llegué a recobrar verdaderamente el gusto de vivir. En efecto, todos estos traumatismos habían acabado por quebrantar el impulso vital que había quedado sin embargo presente en mí mientras había podido conservar un lazo social, en el marco de mis estudios y en el marco de un breve período de actividad profesional. Luego había conocido tres interminables años de destrucción psicológica en el curso de los cuales el comportamiento de mis padres fue tan nocivo que me hizo perder toda ganas de vivir. Es mientras perdí el apetito y me debilita considerablemente.

 

Es mientras perdí el apetito y me debilita considerablemente. ¡ Sin embargo, después de mi encuentro con padre de mis niños, hasta sumergido en lo más hondo de la desesperación, creí que yo divisé la posibilidad de agarrarme a la vida! ¡ Trágicamente, mi vida marital fue tan desastrosa que fui completamente aniquilada desde entonces!!

Dos de mis hijos que son, totalmente como su padre y su abuelo, perversos narcisistas cuyos comportamientos respectivos me vacían de toda mi energía, siempre no alcanzo a yo psíquicamente reestructurar.

¿ Completamente quebrantada por mis más parientes cercanos, jamás podría pues recobrar, hasta con toda la afección y la atención que me aporta mi compañero al diario, la vivacidad de la llama que brillaba antes en mí ?

 

 

(1) La perversidad de mi padre (adjunta 1)

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/09/la-perversidad-de-mi-padre-adjunta-1-al-articulo-sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

(2) La demancia de mi madre (adjunta 2)

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/10/la-demencia-de-mi-madre-adjunta-2-al-articulo-sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

Artículo "Un símbolo del infierno conyugal. ¡ Una vergüenza para la justicia!" :

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2016/11/un-simbolo-del-infierno-conyugal.una-verguenza-para-la-justicia.html

 

Lista de los artículos :

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/09/lista-de-los-articulos-en-espanol.html

 

 

Artículo redactado por Cristina Casado

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Published by Pascal Bourdaloue - dans Hechos de sociedad
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30 juillet 2015 4 30 /07 /juillet /2015 16:34

El extremo posesividad de mi padre nos cortó, mi madre y yo, progresivamente de la sociedad. Verdaderamente no supe jamás por qué mi madre no repitió su trabajo después de mi nacimiento. ¿ Era su elección o la voluntad de mi padre? De lo que soy solamente cierta, es que desde entonces, se quedó en el hogar para ocuparse de mí y ponerse al servicio de mi padre.

Poco tiempo después de su matrimonio, mi madre zozobró en una psicosis alucinadora punteada de episodios depresivos. Es en el momento de la hospitalización que se efectuó algunos años más tarde que el primer tratamiento le fue prescrito. Después de la salida del psiquiatra que siguió a mi madre durante varios años, su médico general tomó el relevo. Cuando un centro médico-psicológico fue creado en la ciudad de residencia de mis padres, sugerí a mi padre acompañar a eso a mi madre con el fin de que se encarge por especialistas, pero jamás dio curso a mi propuesta.

Mi madre se encerró cada vez más en su casa hecha su universo, cortó toda relación con su familia de origen y atravesó períodos de crisis delirantes agudas cuando decidía interrumpir su tratamiento.

Por mi parte, mi padre, que compartiese mi cama durante once años, me imponía de numerosos entredichos.

 

Cuando era niña, mi padre jamás aceptaba que participase a las salidas y a las estancias escolares. Tampoco no había autorizada a visitar a amigas de escuela ni a recibirlas a la casa. Aparte del medio escolar, no tenía compañero de juego. Habiendo pasado mi infancia por una granja, para sentirme menos sola, domesticaba a animales que se hacían mis amigos, y buscaba la evasión refugiándome en la lectura. Tan aislada, me hice una niña tímida, reservada y temerosa. Para no tomar el riesgo de perder la afecto de mi padre, fui la "niña modelo", sabia y obediente a la que quisiera que fuera y jamás pude hacer mi crisis de adolescencia.

 

¡ Cuando conocí mi primera relación sentimental, mientras que era una joven adulta, mi padre se opuso a eso fuertemente y fui privada más de libertad ! Desde entonces, desesperada, perdí el gusto de vivir y zozobré en la anorexia. Mi peso barjó y me debilito considerablemente. Fui salvada por una prima de mi madre que, viéndome decaer e inhibir por mí considerablemente sobre el plano psicomotor, me acompañó para ir a consultar a un médico neuropsiquiatra. Así como mi estado de salud psíquica y fisiológica no dejaba de degradarse, decidió hacerme hospitalizar en casa de salud dotada de infraestructuras médicas situada en montaña lejos de mis padres.

 

Es en el curso de la hospitalización que encontré al hombre con el que fuera casarme algunos meses más tarde, para no ser forzado de regresar al hogar paterno.

 

Mi matrimonio me permitió alejarme geográficamente. En el curso de los primeros años, mis padres llegaron sin embargo a invadirme de su presencia, a menudo a petición de mi marido. Más tarde, me pasó que yo no los vea durante un año entero incluso dos años consecutivos, lo que me hizo pensar ingenuamente que mi padre pudo quizás con tiempo evolucionar positivamente. ¡ Desgraciadamente, a pesar del amor y la paciencia que se puede ofrecerles, los perversos no cambian ! 

Primero, porque están orgullosos y contentos con lo que ellos mismos son; todo el mundo es tonto, salvado ellos. Luego, porque su sistema de pensamiento es encerrado frente a la autocrítica; son perfeccionados, el problema viene siempre de otros. Según él, mi padre siempre tenía razón y actuaba " para mi bien ". ¡ Se daba la imagen de un hombre perfecto!!

 

Sin embargo, en el curso de los años, la perversidad narcisista de mi padre cumplía daños importantes sobre mi salud psíquica, lo que tuvo repercusiones enormes a lo largo de mi vida.

 

 

Artículo "Sobrevivir al infierno familiar. Un testimonio conmovedor !" :

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2016/11/sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

La demancia de mi madre (adjunta 2)

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/10/la-demencia-de-mi-madre-adjunta-2-al-articulo-sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

 

Artículo redactado por Cristina Casado

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30 juillet 2015 4 30 /07 /juillet /2015 16:34

Mi madre zozobró en una patología mental grave e incurable : la psicosis alucinadora, en el curso de los primeros años que siguieron su matrimonio. Su estado se caracterizaba por palabras delirantes a menudo violentas, por una agitación y un monólogo casi incesantes.

La demencia de mi madre formaba parte de mi vida cotidiana a lo largo de mi infancia, a lo largo de mi adolescencia y a lo largo de los primeros años de mi vida de joven adulto.

Me acuerdo aunque cuando era niña, mi madre agredía a menudo verbalmente a mi padre en el momento de las comidas que se desarrollaban en un ambiente muy tenso. El resto de sus días, declamaba en voz alta palabras delirantes, lo que no me permitía hacer mis deberes en buenas condiciones. Para enterarse de mis lecciones a la calma, fui a veces forzada de salir fuera.

Cuando me hice una joven adulta, encontré a un hombre de quien muy me enamoré. Cuando se enteró de él, para abstenerme de verlo, se echó a seguirme o a encerrarme de dos vueltas cada vez que me apprêtasse a salir. Mi madre llegó así, en colaboración con mi padre, a hacer fracasar mi primera relación sentimental. Desesperada, perdí entonces completamente el gusto de vivir, zozobró en la anorexia y mi cuerpo se inhibió fuertemente. Algunos meses más tarde, en el momento de mi hospitalización, conocí de un paciente mucho más de edad que yo mientras que souffrisse todavía terriblemente de la pérdida de mi amor juvenil; debí resolverme casarme con él en un sobresalto de supervivencia con el fin de escapar de la influencia paterna que me acarreaba inevitablemente hacia una muerte lenta. Desgraciadamente, en el trascurso del mismo año, mi marido me devolvió vivir en el domicilio de mis padres, porque se hizo el socio de mi padre y quiso ahorrar el precio de un alquiler. ¡ No tuvo ninguna cuenta de mi opinión y la pesadilla empezó de nuevo !

 

La situación se empeoró después del nacimiento de mi primer hijo, porque la influencia loca de mi madre se hizo cada vez más sentir dolorosamente. ¡ En efecto, me acosaba con una mirada desconfiada y reflexiones negativas, cada vez que amamantaba a mi bebé, a un punto tal, que debí renunciar a eso al cabo de tres meses, siendo demasiado estresado ! Desde entonces, totalmente acaparó a mi niño: le daba el biberón sistemáticamente en mi lugar, encerrado en su cuarto en la penumbra, y debía imponerme diariamente para poder algunas veces cambiarle sus pañales. 

Mi madre no me dejaba tampoco darle su baño, sólo mi padre tenía " el derecho " a hacerlo de cuando en cuando. Reducía el espacio de vida así como campos de visión del bebé instalando la sábana alrededor de su parque y negando obstinadamente para que lo saque del landó cuando llegaba a traerlo por fuera.

No sosteniendo más de ser privada de mi papel de madre, di parte a mi marido de mi deseo de dejar el domicilio paterno. Esta vez, lo tuvo en cuenta no porque fue sensible por fin al calvario que vivía, pero porque mi padre no podía remunerarlo a la altura de las sumas que había prometido. Mi marido contemplaba que nos íbamos sin nuestro hijo, porque mi madre no nos dejaba traerle con nosotros. El amor maternal me dio la fuerza a negar firmemente. ¡ Estaba fuera de cuestión para que me vaya sin mi niño ! Delante de mi determinación, me propuso ir a pedir de la ayuda de un médico general. Así es como, en el momento de una visita improvisada so pretexto de consultar a nuestro bebé, nos permitió poder proceder a su rapto, y pues de extirparle de las garras extremadamente posesivas de su abuela. ¡ Fue una escena digna de una película cinematográfica !

 

Muy afortunadamente, la situación fue diferente al nacimiento de mi segundo hijo porque, como mi padre ejercía todavía una actividad profesional, mis padres permanecieron en nuestro domicilio situado a quinientos kilómetros de su casa, que algunos días.

 

Los meses que siguieron la nacida de mi tercer niño se parecieron mucho a aquellos a los que debiera atravesar para mi primero, porque mi marido insistió repetidas veces para que mis padres prolonguen su estancia en nuestra casa. ¡ Finalmente, fui forzada de soportarlos durante más de seis meses! Mi madre hasta declaró a nuestro médico general; " ¡ si mi hija lo había hecho dos, habría tomado uno! ".

Sostenida por mi equipo médico, alcancé sin embargo, al precio de un gasto grueso de energía que me impone más. Gracias al trabajo efectuado con mi psicóloga y mi psiquiatra, encontré, por primera vez, la fuerza por enfrentarse con mis padres, en particular mi padre, para pedirles volver a su casa. ¡ Esta confrontación con mi padre, qué representaba para mí una roca invencible, fue un gran paso adelante hacia mi emancipación !

 

La demencia de mi madre siempre me impidió comunicar y tener una relación normal con ella. ¡ Sufrí de eso a lo largo de mi vida !

 

 

 

Artículo "Sobrevivir al infierno familiar. Un testimonio conmovedor !" :

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2016/11/sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

La perversidad de mi padre (ajunta 1)

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/09/la-perversidad-de-mi-padre-adjunta-1-al-articulo-sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

 

Artículo redactado por Cristina Casado

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30 juillet 2015 4 30 /07 /juillet /2015 16:34

El hombre que iba a hacerse mi esposo algunos meses más tarde llegó en mi vida en el momento de un período cuando era muy sola y en desconcierto lleno.

Mientras que fui hospitalizada una casa dotada de infraestructura médica en montaña, entró y se instaló en la sala del refectorio donde estaba entre los últimos pensionistas a acabar mi comida. De edad de veinticuatro años, observé apenas a este hombre de cierta edad de aspecto desenvuelto. En cambio, reparó rápidamente en mí. ¡ Desde el día siguiente, le pidió al personal de servicio estar colocado en mi mesa !

Se echó a hablarme y simpatizó inmediatamente conmigo. A partir de este momento allí, anudó en contra de mí una relación amistosa y paternalista, por lo menos fui esto lo que hube creído. Encerrada por mis padres, jamás había podido hacer mis experiencias; no podía no fiarme pues de la sinceridad de los sentimientos amistosos que me demostraba este paciente ya que tenía el duplicado de mi edad. Su atención y la afecto paternalista me aportaron el calor humano el que necesitaba tanto. Supo ponerse allí conmigo que jamás había salido, en divertido mi estancia por comidas en el restaurante, de sesiones de cine y de los paseos.

 

Algunas semanas más tarde, en el momento de un paseo, me hizo, según mi gran sorpresa, una declaración sentimental y me pidió casarse con él. ¡ Mi primera reacción fue negar ! Todavía muy enamorada de mi amor juvenil perdido, no podía concebir de aceptar unirme a un hombre sobre quien sabía pertinentemente que jamás podría ser enamorada. Tomó entonces un permiso de salida de varios días y me encontré muy sola.

Así como ya había efectuado una estancia de cinco meses, la responsable del servicio me informó que mi salida estaba prevista dentro de un mes porque, en aquella época allí, los medios estancias hospitalarias no excedían seis meses. Muy angustiada a la perspectiva de ser forzada de regresar en el domicilio paterno, porque mi estado de salud no me permitía aspirar en busca de un empleo y hasta ignoraba que hubiera asistencias sociales a las cuales tenía derecho y las cuales me habrían permitido ser autónomas, piensé con la petición de mano que me había sido formulada.

Por falta de informaciones, tenía que yo sepa sólo dos posibilidades: o sea tomaba el riesgo de continuar decayendo en la "prisión" paterna, o sea me dejaba una posibilidad de vivir casándome con este paciente a fin de cuentas simpático que me testimoniaba la atención.

 

Cuando finalmente acepté esta unión, para sobrevivir, yo fue consciente que sacrificaba mi cuerpo,  mi juventud y mis sueños a este hombre que tenía la edad de ser mi padre. ¡ Mi matrimonio fue lejos de ser el más bello día de mi vida! Pensaba en lo que me había dicho mi amor juvenil: " ¡ hay sólo al que quiero para mujer ! " Y estaba profundamente triste.

 

Poco tiempo después, descubrí otros aspectos de la personalidad de mi marido. Así, me di cuenta de su adicción alcohólica cuando intentó dejar de beber. Su cara deformada por muecas incomprobables me dio miedo por la primera vez. Su tentativa fue suspendido y comenzó a volverse violento cuando había bebido demasiado.

Una noche cuando acababa apenas de entrar en nuestro cuarto, me cogió por los cabellos y me proyectó sobre la cama. Me golpeó en la cabeza durante una buena parte de la noche y me hirió en la rodilla empujándome brutalmente contra el radiador. Recibí estos golpes en silencio, únicas las lágrimas que fluían a lo largo de mis mejillas, en la oscuridad, traducían mi desesperación. Este acto de violencia fue provocado por su impaciencia tener un contacto sexual conmigo después de haber ingurgitado varios vasos de whisky. ¡ Esta primera vez desgraciadamente no fue la última !

 

Otras brutalidades siguieron para motivos totalmente todavía más irrisorios (bofetadas, mesa tirada al suelo en el curso de las comidas, empujones tirándome por los cabellos... ).

¡ Un día, sobre un arrebato de cólera, hasta me lanzó una carne congelada en la cabeza ! Apenas tuve tiempo de esquivarlo. Este reflejo probablemente me salvó la vida.

Mi marido fue no sólo brutal pero igual infiel. Hasta tuvo la crueldad de albergar a una de sus amantes en nuestra casa, durante varios días, mientras que nuestro hijo mayor tenía solamente nueve meses. Una tarde, me cogió de la mano y me trajo en el cuarto que ocupaba con el fin de hacerme asistir a sus relaciones sexuales para mostrarme cómo se había que hacerlo. ¡ Esta escena fue horrible para mí ! Habría querido morir para poner fin a la humillación y al sufrimiento insostenible que sentía. ¡ Mi marido y su amante me infligieron a aquel período una tortura verdadera !

 

Este hombre grosero y maligno pero inculto, que no era afectuoso ni tierno, no comprendía pór qué no llegaba a tomar sexualmente el placer con él. ¿ Cómo habría podido sentir el deseo hacia tal hombre? Además, con su vientre barrigón, su aspecto inelegante y su aliento tabáquica, era muy lejos de ser el género de hombre que habría podido atraerme.

Por otro lado, utilizaba mis dificultades psicomotrices en relación con mis trastornos depresivos y anciosos para desvalorizarme y hacerme creer que era una incapaz. ¡ Cuando un amigo o un vecino lo cumplimentaban " con su esposa hermosa y elegante ", le gustaba en responderles " sí, pero tiene dificultades ! ". Hizo falta que realizase varias estancias largas en centro cardiorrespiratorio en el curso de los diez últimos años de su vida para que tomara conciencia que era realmente capaz de hacer muchas cosas.

 

Después de ocho años de matrimonio, gracias a la evolución psicológica fue posible por el trabajo psycho-terapéutico que efectuaba, tuve el coraje de intentar dejarlo. Primeramente, la asociación con la que me había puesto en contacto previamente aceptó ayudarme, y me albergó durante ocho días con mis niños. Por desgracia, cuando el responsable de la asociación encontró a mi marido mucho dotado en manipulación, se negó a perseguir su apoyo y vivamente me aconsejó reintegrar mi domicilio conyugal. " ¡ Su esposo verdaderamente no tiene el aire tan terrible ! ¡ Su actitud es irresponsable ! " Me afirmó.

De hecho, so pretexto que deformaba la realidad y que exageraba negativamente las situaciones debido a mis trastornos depresivos, que de verdad intentaba recuperar mi libertad en el solo fin de engañarlo, mi marido hábilmente se había mostrado convincente.

 

Este hombre manipulador, depravado y malicioso no era aquel con el que deseaba casarme pero los tres pequeños ángeles que nacieron de este unión fueron mis grandes amores. Les dediqué totalmente numerosos años de mi vida.

 

Desde hace algunos años, quiero a un hombre bueno, sensible, inteligente y cultivado que me concede una atención sincera, me sostiene y se ocupa de mí cotidianamente. ¡ Cerca de él, me siento bien y por fin en seguridad! Gracias a él y gracias a mi equipo médico, mi estado de salud aunque se mejoró me queda todavía un camino largo en recorrer.

 

Totalmente como mi padre, mi marido presentaba todos los aspectos de una personalidad depravada narcisista. Así como Christel Petitcollin lo relató tan justamente en su libro Pienso demasiado (1), " los perversos están malévolos, rencorosos, desconfiados, gruñones, cobardes, vacíos y hasta pueden ser crueles. Deben ensuciar, agobiar, masacrar todo lo que es amor y alegría de vivir (..) La maldad y la omnipotencia que les confiere les proporciona un goce agudo y embriagador. Cuando mienten, cuando hieren y cuando humillan, se consideran muy fuerte y muy inteligentes".

Mentirosos, seguros de ellos, solapados, perentorios y acusadores, están orgullosos lo que ellos mismos son y son incapaces para autocrítica.

 

Retrato-tipo del perverso narcisista, mi marido era un depredador (2) verdadero y extremadamente peligroso. ¡ En grande manipulador, había sabido atraerme en sus redes con el fin de poder perseguirme a su guisa !

 

(1) p. 145 y 148, Ediciones France Loisirs, París, 2015

(2) ¡ Empujó mismo sonido delirio hasta confiarle a mi padre que un día me tomaría en coche con los niños y que nos precipitaría a un barranco !

 

 

Artículo "Sobrevivir al infierno familiar. Un testimonio conmovedor !" :

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2016/11/sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

La perversidad de mi padre (ajunta 1)

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/09/la-perversidad-de-mi-padre-adjunta-1-al-articulo-sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

La demancia de mi madre (ajunta 2)

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/10/la-demencia-de-mi-madre-adjunta-2-al-articulo-sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

 

Artículo redactado por Cristina Casado

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29 juillet 2015 3 29 /07 /juillet /2015 19:27

¡ Señora S. se hizo el símbolo de las víctimas del infierno conyugal!

 

¡ Molida de golpes, humillada, engañada sexualmente así como sus tres hijas, vivió el martirio, bajo la influencia total de su marido violento, durante cuarenta siete años!

Para poner término a su calvario, en un último gesto de supervivencia, no encontró otra salida que de eliminar a su verdugo, después de haber recibido todavía amenazas y golpes.

¡ En efecto, no llegaba más a prohibirse vivir, ella qué se permitía solamente a sobrevivir! Fue pues el solo medio que encontró para liberarse de cadenas conyugales que la trabaron, tanto fue oprimida por un marido alcohólico y tiránico.

 

Considerada culpable de crimen de por la incompetencia de la Abogada general y de la parte de los jurados que siguieron los requerimientos sin medir las consecuencias trágicas, Sra S. se encontró encarcelada, condenada de edad de diez años de reclusión. Esta pena fue confirmada en el momento del proceso en llamada donde ocupó un escaño un Fiscal del Tribunal Supremo, revestido en sus principios del derecho penal, pero que no tenían ningún conocimiento de lo que aguantara una mujer maltratada en su infierno conyugal. ¡ Qué injusticia!

 

Gracias al apoyo de varias asociaciones de defensa de las víctimas de violencias conyugales, el Jefe del Estado se dignó concederle solamente una gracia parcial. ¡ Pero, por la omnipotencia de los magistrados que ha rechazado su demanda de liberación condicional, queda encerrada!

¡ Ya condenada injustamente respecto a todos los grandes sufrimientos qué quebrantaron su existencia, ahora es abrumada por altos representantes de la Justicia!!

¡ Qué vergüenza!

Sin embargo, expertos en psiquiatría y en psicología reconocieron la no peligrosidad de Señora S.

 

Mientras que de potenciales terroristas "registrados S", supuestos ser particularmente peligroso porque radicalizados, son dejados libre, Señora S. continua, ella, a corromperse en prisión. Así es como totalmente recientemente, el portador de una pulsera electrónica "registrado S ", aunque el Ministerio público hubiera pedido su encarcelamiento, degolló a un sacerdote en su iglesia.

La cumbre de la injusticia es dejar en libertad a personas que pueden cometer actos atroces, mientras que algunas las que no presenten ningún peligro para otros, como Señora S. que no es "registrada S", pueden ser encarceladas durante varios años.

¡ Tal es la gran paradoja de la Justicia!

 

Rechazando sus demandas de liberación condicional, los jueces ignoraron las consecuencias psicológicas que provoca un tan largo período de maltrato, así como el proceso de influencia psíquica sufre por Sra S. ¡ Sin embargo, nadie vuelve a salir indemne de tal infierno conyugal, lejos se hace falta! Además, los jueces le reprochan por usar de su derecho de entrega en libertad condicional, y por continuar situándose en víctima. ¡ Que de quejas injustificadas! ¡ Es verdaderamente escandaloso! ¿ Cómo llegar a sentirse culpable de haber puesto término a las artimañas violentas y destructoras de su verdugo que hasta incitaron a su propio hijo al suicidio?

Después de haber sido golpeada por su difunto marido durante cerca de un medio siglo, es ahora la Justicia que, a su vuelta, con sus sentencias injustas y crueles, le asesta golpes!

 

Actuando así, estos magistrados que no tienen competencia para apreciar todos los aspectos de tales situaciones dramáticas (impacto psicológico de las violencias sufridas, los efectos de una influencia), apoyan a los hombres que maltratan a sus mujeres (existen también unos hombres que son víctimas en el seno de su pareja), animándoles a perseguir sus actos violentos y destructores. ¡ Ciertos jueces deberían usar más bien de su celo para condenar severamente los resposables de maltrato conyugal, con el fin de disuadir los cónyuges qué podrían pretender cometer actos tan reprensibles!

 

¡ Hechos casi inverosímiles, pero qué se revelan ser, para Sra S. pero también para sus hijas violadas, una muy amarga realidad!!

 

 

Articulo "Sobrevivir al infierno familiar. Un testimonio conmovedor !" :

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2016/11/sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

 

Lista de los artículos :

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/09/lista-de-los-articulos-en-espanol.html

 

 

Artículo redactado por Cristina Casado

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29 juillet 2015 3 29 /07 /juillet /2015 11:38

¡ No sólo les enseñaron doctrinas perniciosas a los niños qué les han sido confiados, sino que además, fallaron en sus obligaciones morales, porque abusaron de eso sexualmente ! En efecto, desgraciadamente, es sin embargo lo que hicieron ciertos sacerdotes...

¡ Así, en este nuevo negocio de pedofilía, en las barbas del cardenal, el cura acariciaba los riñones de los niños !

 

Denuncio a los traidores del Cristo...

 

¿ Que decir sobre estos eclesiasticos que fueron culpables de crímenes ? ¡ Porque la violación es bien un acto criminal cuyas consecuencias psicológicas son destructoras y dejan secuelas a lo largo de la vida !

¿ Que decir sobre su jerarquía que ignora las denuncias de las víctimas, que disimula crímenes y que cubre de su autoridad de los hechos odiosos y reprensibles sobre personas vulnerables ?

¿ Y sobre todo que pensar en la reacción de un Papa (1) que apoya a un alto dignatario implicado en hechos de pedófilo a quién no denunció a la justicia ?

¡ Es verdaderamente escandaloso de cubrir a los responsables de tales crímenes !

 

Estos pedófilos y los que se hacen cómplices cubriendo sus artimañas, tienen un comportamiento tan vicioso, que se apena creer que puedan, un día, haber sido siervos de Dios.

¡ Lo que es más cuando se desempeña digno función de cardenal y cuando se le concede una promoción a un sacerdote convencido de pédocriminalité, elogiando a sus virtudes !!

¿ No habría debido ser castigado más bien, en lugar de ser recompensado ? ¡ Porque todo servidor qué traiciona al Señor no merece ser felicitado, sino ser acusado !

¿ No cumbre de la cobardía, para estos espíritus depravados quiénes abusan así de la inocencia de los niños ?

 

¡ Lo que es más cuando se desempeña digno función de cardenal y cuando se le concede una promoción a un sacerdote convencido de pédocriminalité, elogiando a sus virtudes !

 

Acuso a estos felónes del Cristo...

 

En otra época, reconocidos culpables, estos hombres habían sido suprimidos del pueblo. ¿ Hoy, cuál sería el castigo más justo ?

¡ Faltaron gravemente a sus deberes !

¡ Qué justicia sea devuelta a las víctimas de estos depredadores sexuales !

Porque si tal no era el caso, es necesario temer que los pedófilos serían numerosos para perseguir sus comportamientos malsanos impunemente.

 

El que actúa contra la justicia o la equidad no sabría aspirar a la santidad.

¡ Tal el hábito no hace al monje, la sotana no hace al santo !

Los que sufren, después de tener quebrantar el silencio, reclamaron justicia.

¡ Un juicio es devuelto, pero el culpable no ha sido perseguido !

Porque el que disimula los hechos no ha sido juzgado con justicia.

¡ Las víctimas no han sido oídas, no han sido defendidas!

 

Así habla el Eterno: "¡ imploraron justicia y ninguna justicia ! También mi cólera no se calmará, hasta que cumplí, ejecuté las intenciones de mi corazón. ¡ Pondré en movimiento la tierra ! Saciaré así mi cólera, haré reposar mi furor en ellos. ¡ Pondré en movimiento las montañas y mi Justicia se manifestará ! Y mi paz quedará solamente sobre los que tendrán observar mis preceptos. Usted lo comprenderá en consecuencia de los tiempos".

 

(1) Desgraciadamente no es el primer Papa que actúa así. ¡ En efecto, su predecesor antes de hacerse pontífice así como el que precedió, hicieron lo mismo peor todavía !

 

 

Artículo redactado por Pascal Bourdaloue en colaboración con Cristina Casado

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