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30 juillet 2015 4 30 /07 /juillet /2015 19:27

Ascendida por padres tóxicos, un padre depravado (1), tiránico y extremadamente posesivo, al comportamiento incestuoso, una madre consentidora y alcanzada de una enfermedad grave y mental (2), mi infancia fue retenida y mi vida de adulta mutilada

Tal una flor apenas nacida que faltó de aire y de sol, yo fue totalmente privada muy temprano de libertad por padres excesivamente posesivos.

Mientras que intenté levantarme alejándome de este universo sofocante y destructor en el cual decaí peligrosamente, un marido déspota me humilló y me bajó más bajo que la tierra.

Por fin, yo debilita en el curso de los años a causa del comportamiento tóxico e mis hijos que repitieron a su vez la antorcha de su padre y de su abuelo fallecidos.

¡ Mi familia qué habría debido ser un refugio armonioso, tranquilizador y protector, desgraciadamente fue, para mí, lo peor de los entornos ! ¡ Encarcelada, asfixiada, oprimada, pegada, violada, humilliada y denigrada, el medio familiar donde habría podido desarrollarme se reveló un infierno verdadero !

 

 

Primera parte : el calvario familiar
 

Por muy lejos que vuelvan a remontarse mis recuerdos, desde la pequeña infancia  ̶  tenía entonces dos o tres años  ̶  mi madre me paseaba cada tarde en cochecito hasta un hermoso pequeño parque situado en la campo dónde no veía a ningún niño ; jamás había nadie cuando mi madre me traía allí.

De cada período de mi infancia, aparte de la escuela, no me acuerdo de haber sido en presencia de otros niños, excepto un primo y una prima a la que veía a veces en el momento de ciertas vacaciones escolares.

¡ En efecto, a excepción de una pequeña parte de mi familia, no veía a nadie ! No podía invitar a una amiga de escuela, ni ir a su casa, hasta para celebrar un aniversario. ¡ Esto me fue prohibido !

Pues fui aislada, desde mi pequeña infancia, para satisfacer mejor el comportamiento extremadamente posesivo de mis padres así como el deseo de dominación de mi padre. ¡ Para ejercer mejor su influencia, necesitaba tener sin interrupción su mujer y su hija bajo la mano !

¡ Fui forzada de quedarme en el seno del convento familiar, enclaustrada en las paredes paternas !

 

Además, yo tenido una abuela paternal particularmente dura y tóxica que me lo quiso hasta su muerte de haber frecuentado, por primera vez a la edad de veintiun años, a un joven hombre del que perdidamente era enamorada.

Así como este chico no les gustó, los miembros todos de mi familia (mis padres, mi abuela paternal, mis tías maternales) que tenía una influencia sobre mí se ligaron para abstenerme de continuar a verlo. Habiendo sido una niña tranquila y respetuosa, luego una adolescente estudiosa que no les planteó ningún problema a sus padres, viví tanto su reacción excesivamente negativa respecto a mí como una injusticia enorme.

Sentí entonces una desesperación terrible, un sufrimiento tal como yo tenido la impresión de recibir puñaladas en corazón lleno. ¡ Me mataron psicológicamente ! Esto fue de una violencia tan intensa como me hundí completamente.

 

Hay varios modos de aniquilar a un individuo. Para mí, esta gran herida psicológica me fue fatal. Quebrantaron mi impulso de vida, tal un pajarillo al que se rompió endebles alas desde su primer vuelo. 

¡ Desde entonces, no viví más, sobreviví ! 

 

Sufriendo durante mi infancia de la dificultad en comunicar con una madre que estaba frecuentemente en su universo delirante, me acerqué afectivamente de mi padre déspota que me concedía mucha más atención. El impacto paternal fue tal, como inconscientemente lo busqué, más tarde, en mis relaciones sentimentales. Así es como a la edad de veinticuatro años, vuelta depresiva, anciosa y anoréxica, debido a las violencias psicológicas ejercidas por mis padres en contra de mí para impedirme de dejarlos, me casé con un hombre de edad de veinticinco años mayor que yo que supo aportarme, en aquel momento, el calor humano el que necesitaba tanto.

 

Desgraciadamente, poco después de mi matrimonio, este hombre alcohólico, al comportamiento paternalista, también posesivo y depravado como mi padre, se reveló ser un marido violento físicamente y psicológicamente. Golpeada, engañada y humillada, me había convertido en el objeto sexual de este hombre con que concebí sin embargo a tres niños a los cuales di todo mi amor y que colmaron la falta afectiva de la que sufría cruelmente. Después de catorce años de vida común, este hombre alcohólico que era por otro lado un grueso fumador fue llevado súbitamente una noche por un infarto macivo. Estaba triste para mis niños pero, una vez pasado el choque de esta noche agotadora, me sentí rápidamente libertada.

 

Los años que siguieron, no sentí la necesidad de rehacer mi vida, temiendo encontrar de nuevo a un hombre violento, y me dediqué totalmente a mis niños.

 

El hijo mayor comenzó a plantearme problemas a la edad de dieciseis años cuando utilizó mi tarjeta bancaria sin saberlo yo para sacar dinero sobre mi cuenta. ¡ Como lo había iniciado la conducción, a su demanda a los quince años, e inscrito en una autoescuela con vistas a preparar su conducción acompañada un año más tarde, no encontró nada mejor que de robar las llaves de mi coche para ir a pasearse con amigos! Así es como en el espacio de dos años, debí ir a recuperarlo tres veces al puesto de policía, porque era todavía menor. A la edad de los dieciocho, se hundió en una adicción al cannabis y comenzó a recibir en mi casa, contra mi voluntad, a jóvenes drogadictos. ¡ Para desbaratar mi vigilancia, los hacía pasar por la ventana de su cuarto situado en piso bajo! Su comportamiento había cambiado y nuestras relaciones se volvieron cada vez más conflictivas. Se abandonaba completamente, se descuidaba y no llegaba más a levantarse por la mañana para i sobre su lugar de trabajo. Algunos meses después de sus veinte años, no pudiendo más su comportamiento extremadamente rebelde y su gran inestabilidad, fui forzada, el corazón desgarrado, de echarlo a la calle mientras que acababa de encontrar a su futura compañera. ¡ Su droga había destruido nuestra relación! Se instaló entonces en casa de su compañera, pero continuó sin embargo expoliándome financieramente para satisfacer sus adicciónes (cannabis, alcohol, tabaco), llegando a conservar algún empleo y que faltaba sobre todo de motivación para lo buscar.

 

Mi segundo hijo, que era aquel con que tenía más afinidades, no me planteó ningún problema particular y fue un apoyo durante varios años, sino se volvió en el curso de los año cada vez más dependiente a internet.

El más joven, al temperamento muy rebelde, jamás quiso estudiado, y hasta se echó a hacer novillos en el curso de sus años pasados en el colegio. Así como no llegaba más a hacerlo ir corriente, estuvo colocado a la edad de quince años por los Servicios sociales.

 

Es en aquel momento comencé por fin a pensarme en un poco y a buscar una relación amistosa o sentimental, lo que desaprobaba mi hijo mayor. Algunos meses más tarde, encontré a un hombre sensible, amable y atento que fue algunos días después de nuestro encuentro amenazado por mi hijo mayor. Este último había comprendido que tendría desde ahora en adelante más dificultades en ejercer su influencia sobre mí. Fui forzada de dejar mi domicilio para escapar del acoso y era su objeto. El comportamiento de mi hijo mayor toxicómano, el del À más joven el que se había vuelto en el curso de los años cada vez más duro y difícil de administrar, el estado de salud de mis padres que decaía con envejecimiento y de la que debía ocuparme cada vez más regularmente, habían tenido un impacto sobre mi salud psíquica ya debilitada desde hace muchos años.

 

Es en el domicilio del que se hará mi compañero al que intenté reponerme muy despacio. Fue una aflicción para mí de estar obligado a tomar la distancia con mis hijos, porque fuimos atados, sobre todo desde la defunción de su padre, por una relación fusional.

 

Un año más tarde, tomé un nuevo apartamento donde continué recibiendo a mi hijo más joven, siempre en medida de colocación, durante fin de semana y vacaciones escolares. Algunos meses después de su mayoría, mientras que persistía en transgredir las reglas en mi casa, amenazó a su vuelta a mi compañero. En estas condiciones, me era difícil de continuar acogiéndolo.

 

Hoy, mis relaciones con mi hijo mayor que fueron cada vez más tensas desde mi salida se volvieron muy puntuales, mi segundo también zozobró en la esquizofrenia y el último, hecho él también toxicómano, cuya situación queda muy inestable, presenta todos los signos del comportamiento paranoico.

¡ Qué desamparo para mí! ¡ Y qué desesperación!

 


Secunda parte : las consecuencias patológicas

 

Los maltratos psicológicos que sufrí por parte de mis padres tóxicos me hicieron zozobrar a la edad adulta en un estado prepsicótico deficitario acompañado por una inhibición importante y psicomotriz, por fuertes crisis de angustia y de depresión. Después de mis estudios y un corto período de trabajo, fui encerrada y cortada por la sociedad. No llegando más a encontrar una razón para vivir, zozobré en una anorexia mental que me debilita y me hizo decaer fisiológicamente. Fue inconscientemente la sola salida que encontré en aquel momento para escapar de su encarcelamiento y dejar esta vida que me aportaba sólo sufrimiento y dolor.

 

Fui salvada por un miembro de mi familia maternal que, habiendo constatado mi estado, después de haber convencido a mis padres, me acompañó consultar a un médico psiquiatra. Frente a mi estado psíquico pero tan fisiológico que se volvía cada vez más crítico, consideró vital de alejarme de este entorno familiar nocivo y me hizo hospitalizar una casa de salud situada en montaña, para permitirme repetir fuerzas, reposarme, y encontrar una libertad cierta.

 

Dos meses después, el hombre que iba casado más tarde por desesperación, llegó entonces en el establecimiento donde permanecía. Reparó en mí rápidamente al refectorio porque, como todavía tenía dificultades en alimentarme correctamente, era a menudo de una de las últimas pensionistas que acaban mis comidas. Estuvo instalado a mi mesa a su demanda y me habló inmediatamente con simpatía y compasión. Comenzó a anudar conmigo una amistad paternalista y a tomarme bajo su ala tal una pequeña ave herida como le gustaba en repetirlo. Única y desamparada, me aportó a aquel momento la atención y la afección que carecían de mí tanto. ¡ La trampa fue tendida!

Mi espíritu subió entonces poco a poco, me alimentaba ya mejor y repetí algunas fuerzas. Continuó comportándose así hasta el día de nuestro matrimonio. Más tarde, su comportamiento vuelto violento consolidó mi estado depresivo y ancioso que se tradujo cada vez más por una inhibición psicomotriz. ¡ Su denigración fue tal como hasta llegó a persuadirme que era una persona anormal e incapaz! Sin embargo, sus accesos de furia puestos en marcha siempre por hechos anodinos demostraban bien que su comportamiento era excesivo y desequilibrado. ¡ Es pues él qué tenía gruesos problemas! Es por otra parte desde nuestros primeros años de vida común que comencé, sobre los consejos avisados de mi psiquiatra, a tomar un tratamiento medicamentoso a base de antidepresivos y a base de ansiolíticos. 

 

Fui a menudo provocada anemia, porque aunque me alimentaba mejor que durante mi período anoréxico, mi patología depresiva y anciosa actuaba el plan fisiológico como un cáncer psicológico que me roía del interior.

 

Hoy, repetí fuerzas y me alimento bien gracias al apoyo de mi compañero, pero mi salud queda frágil y este cáncer persigue su acción sobre todo durante los períodos de tormenta familiar.

¡ A pesar de todo, no bajo los brazos y continúo peleándome al diario!

 

La llama vital que brilla en el fondo de mí completamente no se apagó jamás, se debilitó simplemente mucho en el curso de ciertos períodos de mi vida.

 

 

La tercera parte : el combate que hay que llevar para sobrevivir

 

Para sobrevivir en un entorno familiar tan negativo, fui forzada de tomar la distancia con mis allegados, con el fin de protegerme, y de permitirme continuar cuidándome en mejores condiciones. ¡ Esto fue extremadamente doloroso al principio para mí, pero desgraciadamente vital!

 

Así es como la encargada médica la que todavía necesito pudo ser disminuida, y sea un tratamiento homeopático progresivamente se sustituyó en mi tratamiento a base de antidepresivos y a base de ansiolíticos. Después de haber sido seguida por tres psicoterapeutas en veinticuatro años entre los que dos me aportaron un apoyo importante, emprendí una psicoterapia con una psicóloga cliníca que practica el E.M.D.R ., con el fin de tratar e insensibilizar los traumatismos acumulados a lo largo de mi trayecto.

 

Sin embargo, persigo mi encargada con médico psiquiatra que me sigue desde ahora cinco años. ¡ Tuvo la inteligencia de no procurar prescribirme cueste lo que cueste una receta! Los mantenimientos son dirigidos hacia un trabajo de reflexión sobre sí, así como sobre un análisis objetivo y profundo de las diversas situaciones vividas hasta este día. Su competencia y su apertura aguda me hicieron divisar el camino de la curación sobre el cual mi compañero que ayuda es extremadamente implicado.

 

Paralelamente, consulto a un médico homeópata al enfoque psicológico instructivo que también me aporta un apoyo eficaz en mi trayecto de cuidados. Su finura de análisis me permitió tener una visión más objetiva de los distintos comportamientos tóxicos de mis allegados familiares, y alumbrarme sobre las personalidades manipuladores y depravadas por las que está constituido. ¡ Tiene como mí así ayudar a clarificar muchas situaciones difíciles y complejas!

 

Expoliada financieramente por mi hijo mayor y puntualmente por ciertas personas malévolas que abusaron de mi confianza, fui forzada, sobre los consejos de mi compañero, de presentarle una demanda al Juez de las tutelas con el fin de estar colocada bajo protección jurídica. En primer lugar, con el fin de proteger mis intereses, una curadora que se reveló de golpe ineficaz fue nombrada. Afortunadamente, dejó su función poco tiempo después de su nombramiento.

Un nuevo mandatario judicial entonces fue designado. Sus calidades humanas, su disponibilidad y su eficacia para aportar las soluciones a las situaciones complejas con las cuales estuve confrontada, constituyeron para mí un apoyo precioso. ¡ Qué conciencia profesional y qué implicación!

 

Un médico termal, dotado de grandes competencias en materia de psicología comportamental y convencido de las virtudes terapéuticas del deporte, también intervino durante varios años para recomendarme una práctica asidua de las actividades físicas y deportivas. ¡ Su mirada de experto sobre los aspectos diversos de mi patología me permitió darse cuenta que me era posible levantarme, combatir mis inhibiciones psicomotrices muy desventajosas estimulando mi cuerpo al diario!

Así, animó a mi compañero que es educador deportivo a perseguir el trabajo psicomotor que había emprendido conmigo, basado en ejercicios adaptados y personalizados.

 

En mayo de 2013, sobre los consejos de mi compañero, hasta tomé una licencia deportiva a la Federación francesa de Deporte Adaptado con el fin de practicar el atletismo y para participar en algunas competiciones con otras personas indispuestas de trastornos psíquicos.

 

En este ambiente más bien amistoso, sentí ganas y la motivación de superar mis dificultades y en sobrepasarme, lo que me permitió progresar bastante rápidamente y descubrirme algunas capacidades insospechadas.

 

Perseguí este arranque hasta mayo de 2014, el período al cual mi segundo hijo fue hospitalizado por haber zozobrado en trastornos esquizofrénicos. Conocí entonces varios meses de depresión en el curso de los cuales continué sin embargo efectuando algunos ejercicios de mantenimiento para impedir que mi cuerpo se cuaje hasta el punto de bloquearse totalmente. Hacia el fin del año, cuando el estado de salud de mi hijo comenzó a mejorarse y su situación que se estabiliza, me fui en estancia termal en los Pirineos para reponerme. Es mientras progresivamente repetí mis entrenamientos con vistas a participar en pruebas de carrera en naturaleza.

Gracias a mi perseverancia y gracias a los consejos avisados en mi entrenador que me acompañó al diario, hasta alcancé un nivel que bastaba para cualificarme a mis primeros campeonatos de Francia, en marzo de 2015. ¡ Nunca lo habría creído capaz ! 

 

Desde entonces participé en algunas competiciones, ciertas con deportistas válidos, entre los que estuvieron cuatro campeonatos de Francia en Deporte Adaptado. Algunas semanas antes de los últimos campeonatos, atravesé de nuevo un período de depresión y de angustias a causa de la situación complicada de mis hijos. ¡ En un mes, perdí cinco kilos y cerca de un tercio de mis capacidades físicas! No tenía más bastante energía para quedarse en el mismo nivel de realización.

Así como cada día había cansado y sea me desanimaba constantemente, mis entrenamientos se volvieron cada vez más difíciles, el duda se instaló y la falta de confianza en mí mismo se rehizo. Sin embargo, aunque mis tiempos realizados no eran al nivel de aquellos a los que habría podido ser capaz de realizar, la estancia efectuada con ocasión de estos campeonatos me fue muy provechosa, porque me permitió desconectarme el espacio de algunos días de mi medio familiar vuelto cada vez más angustioso. 

 

Mi estado de salud fluctúa sobre todo con arreglo a las peripecias de mi contexto familiar. Es la razón para la cual, con el fin de cuidarme en un entorno más favorable, efectúo un gran corte dos veces por año en el marco de una estancia termal.

 

¡ La evolución de los trastornos psíquicos que fueron esencialmente tributarios del entorno, es esencial, y a veces hasta vital, de tomar la distancia para intentar reconstruirse!

Sin embargo, todavía hoy, siempre no llegué a recobrar verdaderamente el gusto de vivir. En efecto, todos estos traumatismos habían acabado por quebrantar el impulso vital que había quedado sin embargo presente en mí mientras había podido conservar un lazo social, en el marco de mis estudios y en el marco de un breve período de actividad profesional. Luego había conocido tres interminables años de destrucción psicológica en el curso de los cuales el comportamiento de mis padres fue tan nocivo que me hizo perder toda ganas de vivir. Es mientras perdí el apetito y me debilita considerablemente.

 

Es mientras perdí el apetito y me debilita considerablemente. ¡ Sin embargo, después de mi encuentro con padre de mis niños, hasta sumergido en lo más hondo de la desesperación, creí que yo divisé la posibilidad de agarrarme a la vida! ¡ Trágicamente, mi vida marital fue tan desastrosa que fui completamente aniquilada desde entonces!!

Dos de mis hijos que son, totalmente como su padre y su abuelo, perversos narcisistas cuyos comportamientos respectivos me vacían de toda mi energía, siempre no alcanzo a yo psíquicamente reestructurar.

¿ Completamente quebrantada por mis más parientes cercanos, jamás podría pues recobrar, hasta con toda la afección y la atención que me aporta mi compañero al diario, la vivacidad de la llama que brillaba antes en mí ?

 

 

(1) La perversidad de mi padre (adjunta 1)

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/09/la-perversidad-de-mi-padre-adjunta-1-al-articulo-sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

(2) La demancia de mi madre (adjunta 2)

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/10/la-demencia-de-mi-madre-adjunta-2-al-articulo-sobrevivir-al-infierno-familiar.html

 

Artículo "Un símbolo del infierno conyugal. ¡ Una vergüenza para la justicia!" :

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2016/11/un-simbolo-del-infierno-conyugal.una-verguenza-para-la-justicia.html

 

Lista de los artículos :

http://la-veritable-lumiere.over-blog.com/2017/09/lista-de-los-articulos-en-espanol.html

 

 

Artículo redactado por Cristina Casado

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Published by Pascal Bourdaloue - dans Hechos de sociedad
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